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miércoles, marzo 26, 2008

La guía de teléfonos del señor Bono

 Antes de ser nombrado Presidente del Congreso de los Diputados, el señor Bono empieza a moderar los nacionalismos periféricos. Quiere don José atizarles con al guía telefónica, metafóricamente se supone. Nunca un Presidente de las Cortes moderó con tanto estilo circense. Esperemos que el señor Bono no cambie de estilo, porque este país necesita diversión entre otras cosas más importantes, pero que importan menos.
 
 La oposición del PP aburre. Los populares han pasado de las profecías al mutis por el foro. Ahora no hablan de crisis económica ni de problemas territoriales. Están de vacaciones. Por eso las palabras del señor Bono han sido muy oportunas. Nada más oírlo, me volví a enganchar a la política y me olvidé de si Belén Esteban tienen quien le cosa el vestido de la boda o va a ir a casarse sin vestido estrenado. Las sesiones plenarias del Congreso presididas por el señor Bono prometen más diversión que la prensa rosa. En el fondo, política y roserío son lo mismo: teatro barato para una sociedad que necesita opio para olvidar la cotidianidad preocupante que la agobia. ¿Quién se acuerda del IPC, del paro o de la hipoteca con un telediario ameno? Sin duda, los que no tienen sentido del humor.
 
 La crisis económica no debe ser cosa seria, a juzgar por el cierre por vacaciones que echaron en Génova 13. Don Mariano regresó de Cancún con los deberes sin hacer. Hasta el próximo lunes no va a decirnos quien releva al señor Zaplana en el Congreso. No hay prisa. El 2012 es un futuro muy lejano y el señor Rajoy no se pone las pilas hasta que se acerca la fecha de las elecciones. Quizá en esta legislatura se las ponga antes, si le sale un candidato para disputarle la presidencia del PP, o si el señor Bono lo amenaza, también a él, con la guía de teléfonos. Ambas cosas son posibles.



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lunes, marzo 10, 2008

ZP gana y convence en las urnas

 El señor Zapatero le ha ganado las elecciones a un señor Rajoy poco convincente para el electorado de centro y muy mal aconsejado por los que se decían sus amigos.
 
 Don Mariano fue un candidato que no supo ilusionar al electorado que le podía dar la victoria, es decir, al centro sociológico que decide su voto por un debate electoral o por una promesa tangible. El señor Rajoy hablaba de catástrofes sin dar soluciones, anunciaba un ministro estrella para salvarnos de la crisis económica que se estrellaba en el primer cara a cara con el señor Solbes, decía que iba a bajar los impuestos sin concretar la bajada en cifras. Los profetas que en el Antiguo Testamento anunciaban calamidades al personal no olvidaban meter en la profecía siniestra la esperanza de un mesías salvador de la humanidad. El señor Rajoy no se supo vender como mesías; quedo en profeta barbudo, y la España que se rompía en fragmentos territoriales y en crisis económicas eligió al tío simpático que se lleva a los artistas del brazo mientras arremete contra los obispos. 
 
 Las urnas dijeron lo que piensa la mayoría de los españoles. No valen las manifestaciones multitudinarias en Madrid. No vale agarrarse a la pancarta. No vale arrimarse a la derecha. El centro decide. Es en el centro donde está el puñado de escaños que lleva a un partido político a La Moncloa. ¿Y cómo se gana el centro? Con marketing, sabiendo venderse.
 
 La campaña electoral del Partido Popular fue desastrosa. Todo era el señor Rajoy porque la compañía era para no dejarla hablar. El fichaje estrella más que ganar votantes los ahuyentaba. En la trastienda de Génova 13 estaban don Carnal y doña Cuaresma peleándose por suceder a un señor Rajoy que no imaginaban Presidente del Gobierno. Acompañando al candidato estaba todo el pijerío pepero, ésos que brindaba con champán tras los debates electorales como si hubieran ganado la guerra de Cuba.
 
 En cambio, el señor Zapatero supo movilizar a su electorado más propenso a la abstención acordándose de los obispos de la manifestación del 30 de diciembre en Madrid y con una política de cheques muy bien acogida por una sociedad a la que le vienen muy bien los 2500 euros para celebrar el bautizo del niño o los 400 euros para irse a la semana fantástica de "el Corte Inglés". Todo ello unido a la buena imagen personar del líder socialista ante las cámaras de televisión en los debates le ha echo ganar las elecciones.
 
 ¿Debe seguir el señor Rajoy al frente del PP? En mi opinión, no. Dos elecciones perdidas son para que uno reflexione y piense en dar paso a un nuevo candidato. El Partido Popular debería centrarse si quiere ser una alternativa, dejarse de pancartas, apartarse de los obispos que hablan en sus manifestaciones de "que se acaba la democracia porque la gente se divorcia" e iniciar un lavado de cara. La marca PP no vende. Nombrar al PP es como nombrar al hombre del saco. Eso se arregla con una campaña de marketing, y el marketing empieza por cambiar al candidato. En Génova 13 deberían pensar en una cara nueva, simpática, que salga bien en la tele y que haga propuestas.
 
 Lo mejor de estas elecciones ha sido sin duda el escaño de UPyD. La señora Díez se lo merecía tras verse obligada a hacer una campaña de mucha acera por falta de recursos y tras recibir un silencio mediático por parte de los medios de comunicación que siempre la tenían en antena cuando pensaban que acabaría sumándose al PP. Doña Rosa no perdió la sonrisa y los votantes la han premiado con un escaño. Seguro que de haber tenido más apoyo UPyD hubiera ganado más votos.
 
 



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martes, marzo 04, 2008

El paro sigue subiendo en febrero

 Más de 53.000 personas pasaron a engrosar las listas de paro en el mes de febrero. Un mal síntoma para la economía española que se nos avecina tras las elecciones independientemente de quien sea el ganador de los comicios del próximo domingo. Cinco meses lleva el desempleo incrementándose. Y el paro es un problema mucho más grave que la inflación.
 
 Ayer, en el segundo debate, no se conocía el dato y los candidatos a ocupar La Moncloa durante los próximos cuatro años evitaron hablar de él. Se liaron con el crecimiento del PIB, la renta per cápita más alta que la de Italia y la subida de los precios. El desempleo a los líderes de los partidos políticos les queda más lejano que el Everest. Ganen o pierdan las elecciones, no tendrán problemas para seguir trabajando en algo que les proporcione unos ingresos mensuales más que suficientes para afrontar la inflación y un tren de vida que ya quisiéramos tener muchos ciudadanos de a pie.
 
El paro, de seguir incrementándose, traerá muchos problemas asociados. No sólo competiremos los españoles por servicios sociales escasos con los inmigrantes, como decía el señor Rajoy, también lo haremos por un empleo humilde que nos permita sobrevivir con un mínimo de dignidad. Y ¿cómo va a financiar el señor Zapatero sus cheques en un país en el que cada vez trabaja menos gente? Los cheques se quedarán en una promesa, la ley de la dependencia en unos tramites engorrosos que nunca llegan a la realidad del dinero a recibir por los dependientes, las residencias de ancianos seguirán brillando más por su ausencia que por su presencia en nuestras ciudades, las guarderías seguirán existiendo sólo para los que se las puedan permitir.
 
 Para prometer es necesario que la economía vaya bien, y, lamentablemente, la economía española da síntomas de la crisis que vamos a padecer los españolitos de a pie. ¿Para qué ir a votar el domingo? Casi es mejor quedar en casa mirando la telebasura porque las promesas no son creíbles.



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