No ha empezado el año 2026 bien en esta España nuestra. Cuando todavía estamos en el mes de enero, nos sorprende un accidente de trenes en Andalucía. Parece que la alta velocidad no es segura. La realidad se impone a la teoría. Por mucho que digan los expertos que los trenes que vuelan por las vías son el futuro, no podemos considerarlos tal. Un tren tiene que ser un tren y un avión tiene que ser un avión.
El accidente ferroviario ocurrido el pasado domingo 18 de enero en Adamuz, en la provincia de Córdoba, es uno de los más graves en la historia reciente de España. Un tren de la operadora Iryo descarriló alrededor de las 19:40, invadiendo la vía contraria en el mismo momento en que circulaba un Alvia de Renfe, lo que provocó una colisión de enorme violencia. Las autoridades han confirmado al menos 39 fallecidos y más de 150 heridos, incluidos varios en estado crítico. La magnitud del impacto dejó algunos vagones convertidos en un amasijo de hierros. Noche, dolor y muerte se juntaron ayer para recordarnos que nada somos cuando un azar caprichoso pone sobre la mesa la carta que nadie quiere.
La circulación ferroviaria entre Madrid y Andalucía permanece suspendida cuando ya han pasado 24 horas del accidente, mientras avanzan las investigaciones y las labores de rescate. La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios ha señalado que esclarecer las causas podría llevar más de un año, dado que el siniestro ocurrió en un tramo recto, con vía renovada y un tren que había pasado revisión pocos días antes.
Este nuevo accidente en la alta velocidad española nos recuerda el trágico accidente de Santiago de Compostela. El conocido como accidente de Angrois, ocurrió el 24 de julio de 2013 cuando un tren Alvia que cubría la ruta Madrid–Ferrol descarriló en una curva a las afueras de Santiago debido a un exceso de velocidad. El convoy circulaba a unos 190 km/h en un tramo limitado a 80 km/h, lo que provocó que varios vagones se salieran de la vía y chocaran contra un muro. La tragedia dejó 80 fallecidos y más de 140 heridos, convirtiéndose en uno de los peores accidentes ferroviarios de la historia reciente de España.
Este siniestro marcó un antes y un después en materia de seguridad ferroviaria. Las investigaciones señalaron tanto la responsabilidad del maquinista como deficiencias en los sistemas de control y señalización del tramo, lo que llevó a reforzar protocolos y revisar la supervisión técnica en líneas de alta velocidad y servicios mixtos como el Alvia.
Parece que hay que hacer nuevas revisiones para tomar nuevas medidas de cara a una mayor seguridad en los viajes en tren. Una medida fundamental sería bajar las velocidades de los trenes. Es hora de plantearse un estilo de vida más lento y más seguro. El sistema de trenes que parecen aviones está dejando mucho dolor en las familias que pierden a sus seres queridos y en las familias que tienen que seguir adelante con lesionados de por vida.
Ahora toca investigar. Las españolas y españoles queremos trenes seguros. Los trenes que vuelan hasta caer por un barranco no nos valen. Yo apuesto por una vida sin prisas, con calmas, con momentos para nosotras, como momentos para los que queremos. Vivamos para vivir y dejemos de vivir muriendo.
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