Las joyas de la mujer de Zapatero están dando que hablar. Fue la policía a mirárselas a casa por si fueran regalos por esos favores que hacía su marido. Miraron pendiente a pendiente, pulsera a pulsera, anillo a anillo. Pasaron sus dedos por las piedras preciosas. Tocaron aquellas piedras que le había diseñado Felipe Gónzales, cuando diseñaba pendientes, para que los luciera en la boda del entonces príncipe de Asturias con doña Letizia.
Es lógico que Sonsoles se sienta molesta. A ninguna mujer gusta que nos toquen las joyas, aunque sean bisutería comprada en un bazar chino. El ex presidente Zapatero se apresuró a decir que las joyas eran de una herencia recibida por su esposa.
Casi era mejor que no hubiera dicho nada. En estos casos, de presunta corrupción es mejor callar. Hablar de herencias te lleva fijo a una condena. Veamos el caso Pujol, con la herencia del abuelo tan bien multiplicada en millones de euros.
Sonsoles Espinosa, a diferencia de su marido, calla. Siempre fue una mujer discreta. Cuando era primera dama hacía todo tan discretamente que hasta cantaba discretamente. Estos días de protagonismo familiar por el presunto caso de tráfico de influencias de Zapatero, no se pronuncia. Calla. Y calla. Y calla.
------------------