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viernes, junio 22, 2007

Los obispos y la Educación para la Ciudadanía

Los obispos dicen que hay que usar "todos los medios legítimos" contra la Educación para la Ciudadanía. Han echado a andar una campaña contra la nueva asignatura, que cada vez más les cojea y que va a acabar enyesada en un "nosotros comemos aparte" que le encanta la FERE. Si el Gobierno de ZP acepta que la Educación para la Ciudadanía se adapte al ideario de los centros católicos privados-concertados, éstos darán saltos de satisfacción. El Estado no puede "ideologizar a los niños", pero ellos sí. Ellos presumen de colegios con ideario. Me pregunto si ese ideario de exclusividad lo defendería Jesucristo. Quiero creer, que si Cristo tuviera la mala idea de regresar por este valle de lágrimas, le aplicaría a la Jerarquía eclesiástica el mismo remedio que en su día le aplicó a los mercaderes en el templo.

De vez en cuando se acuerdan las grandes sotanas de que en la escuela pública muchos padres solicitan clase de religión para sus hijos. Ahora también se acordaron. Hablan de eso de la neutralidad de la escuela pública vulnerada por la ideología del Estado introducida en una asignatura obligatoria.

Pero, ¿es tan dañina la asignatura de Educación para la Ciudadanía? Escuchando a los obispos y a la Cadena Cope, dan ganas de ir al colegio a sacar a los niños. En cambio, cuando lees el programa de la asignatura, compruebas que no hay motivo para tanto alarmismo.

Que un niño tenga unos conocimientos mínimos del funcionamiento del Estado, me parece necesario. Que conozca los derechos recogidos en la Constitución, me parece imprescindible. El tema espinoso podría estar en como se le hable de familia o de sexualidad. Eso sí pertenece a la tarea educadora de los padres. Es decir, mientras Educación para la Ciudadanía sea un compendio de leyes explicado como tal, no hay para alarmismos.

Si la Iglesia jerárquica encuentra motivos de protestas, debería ser coherente y manifestarse también en contra de la asignatura de filosofía porque no se adecua a la moral católica, de las asignaturas de la carrera de Derecho en la medida que expliquen leyes como la del aborto o la del matrimonio civil ampliado a las parejas del mismo sexo, y de otras asignaturas como por ejemplo ciencias naturales o la misma historia, en los que les parezca incorrecto con la doctrina vaticana. En resumen, no sé si quieren que regresemos a la Edad Media cuando tenían en sus manos el monopolio de la enseñanza y el pecado del analfabetismo, pero parece que quisieran hacerlo.

Y que no me hablen de libros como el famoso "Alí Babá y los cuarenta maricones". Es un libro recomendado como lectura para los profesores que impartan la asignatura, no para los alumnos. ¿Qué no es correcto? Si revisaran las lecturas de los niños, se darían cuenta de que por las manos de la infancia pasan muchas lecturas incorrectas. Yo misma me confieso culpable de esas lecturas en mis años de colegio e instituto, a pesar de que no estaban en las listas de libros obligatorios. Recuerdo que me encantaba Lolita de Nabokov; no creo haber provocado ningún amor libinidoso por haber leído este libro. Ni me eché a perder por aquellas revistas juveniles que empecé a leer con nueve o diez años y que mis amigas me pedían prestadas porque sus padres no se las dejaban comprar.

La asignatura de Educación para la Ciudadanía no causará estragos en los tiernos infantes. Lo que sí puede causar estragos es el llamamiento a la objeción de conciencia por parte de personas adultas que deberían enseñarles a cumplir la ley a sus hijos. Si a mí me hubieran planteado en su día la posibilidad de objetar, objetaría de matemáticas para evitar el esfuerzo de las largas tardes entre apuntes y libros. No me extrañaría que muchos alumnos de hoy se plantearan llevar la objeción a las asignaturas difíciles aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y bendicen sus aguas desde las alturas.

Los acérrimos contrarios a una asignatura que intente introducir a las nuevas generaciones en valores constitucionales, deberían explicarnos su método para encaminar hacía el pacifismo a una sociedad sobrada de violencia doméstica, acoso escolar, acoso laboral, peleas de jóvenes en zonas de botellón, competitividad salvaje, falta de solidaridad real, machismo,... Deberían pensar en arrimar el hombro para crear entre todos una sociedad mejor y alejarse de las objeciones a la ley que debemos cumplir e intentar mejorar con nuestras aportaciones mediante los cauces legales.