viernes, abril 25, 2008

¿Tiene que haber curas en los hospitales?

En la Comunidad de Madrid andan rasgándose las vestiduras por unos curas que la señora Aguirre metió en un Comité de Ética que asesora a los médicos a la hora de aplicarle a un paciente cuidados paliativos o negárselos. El paciente de turno no forma parte del comité; está a lo que le echen: un tratamiento, una eutanasia o un vete a morir a casa que aquí no hay camas para tanta agonía como tienes. Eso sí, curas no le van a faltar al enfermo. Doña Esperanza le garantiza la extrema unción.

Al margen de ese Comité de Ética que sobra (cada uno tiene su propia ética), me pregunto yo si tiene que haber curas en los hospitales. siempre creí que a un centro hospitalario se iba a buscar una solución médica, a que te curen con medicinas, no a recibir rezos. Para rezar está la iglesia o la casa de cada uno, pero no un hospital. ¿Tiene que aguantar un paciente los padrenuestros que le viene a rezar un sacerdote a su compañero de habitación? ¿O las oraciones de un imán?... Y si el compañero de habitación es seguidor de una secta satánica, ¿hay que aguantar una brujería?....

Ya sé que no se impone la religión sino que se ofrece. Lo malo es que tanto ofrecimiento suena a imposición. Si vamos por ese camino patrocinado por doña Espe en Madrid, el dinero público, tan necesario para reducir las listas de espera, va a dilapidarse en chorraditas. Esos curas no rezan gratis, igual que ni yo ni nadie trabajamos por amor al arte. ¿Quién los paga? Hacienda somos todos. Todos y tontos me parece a mí, porque por tontos nos toman estos políticos que firman suculentos acuerdos económicos con la conferencia Episcopal y demás religiones que se apuntan a lo de la pasta. Y que no me digan que España es un país mayoritariamente católico. ¿De qué católicos me hablan? ¿De los ultracatólicos? Ésos son pocos. La mayoría nos desmayaríamos si vemos entrar un sacerdote en la habitación del hospital recomendándonos "poner nuestra vida en las manos de Dios". Con la extrema unción seguro que ya no encestaríamos eutanasia: moriríamos de terror.

No, yo no quiero un cura paseándose por las habitaciones de los hospitales. Tampoco quiero que un sacerdote opine sobre mi vida. Opino yo. Decido yo. Mi vida es mía; no es de la Conferencia Episcopal, ni de un doctor muerte, ni de un político.

Qué! Doña Jimena

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