viernes, noviembre 17, 2006

Milton Friedam

Fallecía ayer en San Francisco (California) a los 94 años el economista Milton Friedam conocido por su defensa acérrima del mercado.

Pero no siempre fue el señor Friedam contrario a la intervención del Estado en la economía. En sus primeros años trabajando en esta ciencia apasionante que es la Economía don Milton colaboró con el señor Keynes en aquello que se llamaba "New Deal" y cuyo objetivo era sacar a los estadounidenses de la crisis del crack del 29 con un incipiente Estado del Bienestar.

Años después el fundador de la "escuela de Chicago" lamentaba haber pensado lo que pensó y se decantaba por la liberalización de todos los sectores de la economía sin excepción y por la reducción de la presión fiscal todo lo posible. La única intervención del Estado que defendía el profesor Friedman era sobre el flujo de dinero en circulación, lo que los economistas llamamos oferta monetaria. Era el Estado quien debía aumentarlo o reducirlo para así controlar los precios.

Su teoría monetarista fue premiada con el Nobel en el años 1.976 y llevada a la práctica por políticos de derecha como la primera ministra británica Margaret Thatcher o el Presidente Reagan. Sus discípulos, los conocidos como "Chicago boys", llevarían sus teorías al Chile de Pinochet en los años setenta. El propio profesor Friedman tan dado a colaborar con la clase política no le hizo ascos al director chileno. Un viaje a Chile motivo una oleada de críticas de la izquierda.

A mi juicio la postura totalmente contraria del señor Friedaman a la intervención del Estado en la economía es exagerada. Estoy más en la línea del profesor Stiglitz, quien crítica al padre del monetarismo por su exceso de liberalismo. Es evidente que el Estado tiene que jugar un papel en la economía porque hay bienes que el mercado no produce eficientemente.

En lo que si estoy completamente de acuerdo con el profesor Friedaman es en que "con notables excepciones los empresarios están a favor de la libre empresa salvo cuando les toca a ellos". Yo tampoco confío en la clase empresarial.

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