lunes, mayo 14, 2007

El primer viaje del Papa a América Latina

El Papa Ratzinger acaba de realizar el primer viaje de su pontificado a América Latina. En Brasil, el país con mayor número de católicos en términos absolutos, sus palabras me decepcionaron. No sé cuántos católicos brasileños regresarán algún día a la Santa Madre Iglesia dejando las "sectas protestantes" que los han tentado. Yo, tras oír al Papa hablando de castidad en un país en el que hay que hablar de preservativos y echarle una bronca a los hombres que no se hacen cargo de la manutención de sus hijos, sólo puedo decir aquello de "creo en Dios, pero no en los curas".

Su Santidad debería abrir cualquier periódico de cualquier país y leer los anuncios por palabras. Después de leer tres páginas, en cualquier diario, de mercadeo sexo ¿se atrevería a hablar de castidad posible?... ¿Quién cree que acude al coito de pago? ¿Hombres solteros? Los menos. El mayor porcentaje de clientes de la prostitución son hombres casados. ¿Les decimos que no utilicen el preservativo? ¿Le decimos a sus sufridoras esposas que no le exijan al marido un acto sexual con preservativo? ¿Apostamos por la prevención, y por tanto por la vida, o por la muerte, la enfermedad y el sida?

Los tiempos han cambiado. Hablar de castidad como método antisida es como hablar de una aspirina para curar una pierna rota. No quiero decir que el Papa se abstenga de alabar la castidad, simplemente digo que, en este mundo nuestro, la castidad es una utopía.

¿Y por qué no tuvo el Papa Ratzinger unas palabras de severa condena para los hombres irresponsables que abandonan a sus hijos en América Latina? ¿No será que don Benedicto sigue viendonos a las mujeres como unas Evas que tentamos a los Adanes de hoy con nuestra lujuria?

Se le vacían las iglesias al Papa. No me extraña. En los templos católicos faltan líderes que atraigan a las masas con un discurso. Las homilías nunca tocan el pecado, hablan de una familia tradicional que es cada vez más minoritaria. ¿Cuántos matrimonios duran hasta que la muerte separa a los contrayentes? Poquísimos. Vivimos a golpe de amor y, afortunadamente, las mujeres ya no aguantamos maridos que no valen la pena. He aquí otro tema en el que no se moja la jerarquía eclesiástica: la violencia doméstica. El Papa debería condenar explícitamente los malos tratos, insistir en la condena, repetir hasta la saciedad que en un matrimonio cristiano no puede haber un señor pegando a una señora y viceversa. No lo hace; debe ser por eso del perdón ilimitado.

Tampoco nunca habla Su Santidad de prácticas tan crueles como la ablación del clítoris que se practica en los países musulmanes y africanos. ¿No quiere problemas con el Islam? Pues mejor tenerlos por una causa justa que por una conferencia en Bratisbona sobre la Fe y la razón.

El viaje del Papa Ratzinger a Brasil fue más de lo mismo: cuidado con el neoliberalismo, horror ante el comunismo y temor a la Teoría de la Liberación. Ah... y sean ustedes castos.

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