martes, febrero 27, 2007

Violencia sin solución

¿Cuál es la solución a la violencia doméstica? Hasta el momento no se ha encontrado. Endurecen las leyes y siguen produciéndose muertes. De poco valen las denuncias, la toma de conciencia por parte de los medios de comunicación y, en menor medida, de la sociedad, contra el terrorismo doméstico imparable a día de hoy. Cuando abres los periódicos y te encuentras con una nueva fallecida a las manos del canalla de turno, te viene ganas de prohibir el matrimonio, las uniones de hecho, y hasta el amor. Todos impares. Una solución salomónica: todos familias monoparentales desde el primer día. Tú con tus hijos y yo con los míos.

Pero regresas al mundo real, y comprendes que el amor siempre ha existido y siempre se ha acabado. Te enamoras y te desenamoras. Los casos de maltrato no son tantos pero son muchos; muchísimos. Sobre todo ese maltrato psicológico que muchas veces no llega al puñetazo y queda en el insulto, en el control absoluto de la vida de la pareja.

No sabemos ser independientes. Ahí empieza todo. Nos divorciamos pero queremos una familia. Queremos ser libres pero caemos en las garras del amor. ¿Dónde está la prevención de la violencia de género? En el egoísmo necesario. No hay otra solución. Casarse con separación de bienes, amar a la pareja con el amor que te sobra después de que te has amado a ti misma lo suficiente y planear el divorcio antes de firmar la boda. ¿Qué no es romántico? Menos romántica es la muerte a manos del verdugo doméstico.

Los chicos de la turismofobia

Bienvenido, Mr Marshall decía el título de una archiconocida película del cine español. Eran otros tiempos. Unos tiempos en los que ...