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miércoles, julio 11, 2007

Un sacerdote condenado por abusos sexuales a un menor

El Tribunal Supremo ratificó la condena a un sacerdote que tenía poco de cura y mucho de delincuente porque sólo así se puede calificar a un individuo que utiliza una sotana para abusar sexualmente de un niño. La pederastia también es delito dentro de la Iglesia. Y que nadie me hable de lavar los trapos sucios en casa. Los trapos del delito se lavan en los juzgados. Sobre todo cuando quien debería de ocuparse y preocuparse por poner a personas idóneas al frente de las parroquias, se afana en tapar sus pecados delictivos con el manto de la Virgen y en defenderse de su falta de profesionalidad arzobispal recurriendo sentencias que le condenan a asumir la responsabilidad civil subsidiaria.

Por una vez hay que felicitarse por que se dicte justicia. Pero los católicos no podemos esconder la cabeza debajo del ala. Tenemos que exigir responsabilidades a la jerarquía eclesiástica que no duda en apartar un profesor de religión divorciado de las tiernas criaturas mientras defiende a curas pederastias hasta el Tribunal Supremo. Ahora dirán que se meten con la Iglesia. No me vale esa respuesta. La sentencia del alto tribunal sólo pone los puntos sobre las íes donde monseñor Rouco quiso poner el silencio.

Leyendo sentencias como esta una comprueba con dolor que las jerarquías eclesiásticas están ancladas en la Edad Media en ciertas cuestiones. Ya no existe el "derecho" de pernada ni debe existir ese temor con el que muchos parroquianos miraban al sacerdote porque no fuera que en su día te negara un sacramento. Al sacerdote, igual que al obispo o al Papa o al mismísimo Presidente del Gobierno, hay que mirarlo con respeto como a cualquier persona que te cruzas por la calle y exigirle el mismo respeto con el que se le trata. Y si comete un delito, aplicarle la ley como a un ciudadano cualquiera.