martes, octubre 23, 2007

Adelfa murió de amor

 Adelfa murió llena de amor joven. Con ochenta y dos años  no pensaba en morir sino en casarse con el hijo de su mejor amiga y así lo hizo un mes antes de que Dios le dijera ven. Se fue hacía los brazos del Altísimo contra su voluntad, como todos, pero ella más contrariada.
 
 No era para menos el enfado de la moribunda. A mí Dios me hace tal faena y le revoluciono el Cielo. Igual que Adelfa, no cambiaría un cuerpo de veinteañero enamorado de mis huesos octogenarios por un ángel sin sexo.
 
  Confieso que mi sueño, mi última voluntad de cara a los ochenta, que me quedan lejanos, es enamorar a un hombre-nieto. Lo de que sea hijo de mi mejor amiga me da reparos, pero no creo que evitara el pecado ni siquiera el matrimonio ante el altar, si los curas lo permiten, con una cola de novia que saliera por la puerta de la iglesia para espantar a todo el vecindario.
 
 Creo que Dios me haría la misma faena que le hizo a Adelfa. Ya decía Castelao que "os vellos non deben namorarse". De las viejas no dijo nada el escritor de Rianxo. Debía ser que en sus tiempos ni se les ocurría enamorarse.
 
 Ahora las viejas no son viejas porque la vejez no existe. Entras en Bershka  y te vuelven joven con un cóctel de música que te hace vibrar la sangre en las venas y latir el corazón de otro modo. Abres las revistas del corazón y ves que lo que se lleva es un arreglo en los morros y un borrado de las marcas del tiempo (entiéndase arrugas). Ah... y el Daker de Anita Obregón, que también luce novio joven como la argentina que se ha muerto de exceso de amor.
 
 ¿Matará el amor?... Yo creo que mata de felicidad; una felicidad que no se consigue cuidando al nieto hijo de la hija que corre hacia el trabajo ni esperando a la señora de la guadaña en la soledad de tu casa vacía de hijos o en la compañía de otros ancianos en una residencia.
 
 Hoy muchas ancianas coetáneas de Adelfa, en el fondo, la envidian. La criticarán esperando vez en la peluquería o hablando con un marido viejo, que hace varias décadas que no las besa como besa Brad Pitt a su Angelina, si es que las ha besado con tanto arte alguna vez. Los hijos de las candidatas a seguir el ejemplo de esta argentina echarán pestes sobre el heredero. Mira que si mamá, que está de tan buen ver a los ochenta, se enrolla con un jovenzuelo que nos quite la herencia...
 
 Haganlo señoras de ochenta. Si tienen dinero para comprar juventud, sigan el ejemplo de doña Adelfa y echen los brazos al cuello del primer Reinaldo que encuentren. Los hombres llevan desde los tiempos de Adán y Eva abrazados a mujeres que pueden ser sus hijas e incluso sus nietas y nadie se escandaliza. Ya es hora de que las mujeres empecemos a besar yogurines en la escalera de la edad madura.



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