lunes, octubre 08, 2007

Cacerolada contra el botellón

 Uno de los mayores problemas de La Coruña es el botellón. en las noches del fin de semana, la juventud coruñesa se desmelena en una borrachera colectiva que pone a prueba la paciencia de los vecinos que sufren ruidos y destrozos. Los ruidos van a más. A los gritos, multiplicados por el silencio nocturno, hay que sumar los coches-discoteca que amenizan el ágape etílico.
 
 Es el fenómeno social de la última década: los jóvenes sólo se saben divertir con un botellón. Han visto beber en familia, en días de fiesta y en días cotidianos. No nos extrañemos de que se agarren a la botella de ginebra proclamando una verbena improvisada debajo de las ventanas de los vecinos que duermen. No nos extrañemos tampoco de que esos vecinos, a los que las autoridades municipales no le solucionan el problema, cogan la sartén y el tenedor y se vayan de cacerolada detrás del alcalde el día del Rosario.
 
 Una cacerolada también tiene algo de fenómeno social. Un vecino que saca la olla a la calle ejerce de vecino cabreado avisando de un castigo en las urnas a ritmo de porompompero de menaje doméstico. Es un señor que va a votar seguro a la oposición para castigar al gobierno. En cambio, el joven del botellón es dudoso que vote al alcalde (por mucho que le deje beber a deshora en cualquier calle o plaza) un domingo que necesita para recuperarse de la resaca del fin de semana.
 
 Ayer se libraron de la cacerolada los del Bloque, que la merecían tanto o más que el señor Losada. Es la ventaja que tiene no sumarse a la comitiva municipal que le reza  a la patrona cuando no se ha regulado el botellón a tiempo y te puede salir unos señores desvelados que no son los del tambor de la orquesta.



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