viernes, octubre 26, 2007

El argentino que no quiso se héroe

 La sociedad quiere héroes y de héroes están llenos los cementerios. La sociedad señala con el dedo al cobarde cuando una cámara de televisión lo filma asentado en su cobardía, o en su miedo, que no se sabe. ¿Era cobarde el argentino que presenció la agresión a la menor ecuatoriana o simplemente era miedoso? ¿Fue el miedo el que le hizo olvidar que no hacía falta que se metiera en medio como un quijote sino que marcara el 112 en su móvil o que tirara de la alarma del vagón?
 
 El miedo es libre. Nadie se puede declarar libre de miedos. Ni siquiera los vecinos del joven argentino que ahora lo señalan con el dedo por no haber sido héroe. Ellos, envalentonados por la distancia del que mira la película, están seguros de que si el azar los hubiese fichado para el papel del testigo, se tirarían al cuello del macarra como perros de presa.
 
 En este país somos muy quijotes. Sabemos lo que haríamos "en el lugar de", pero si echáramos una mirada a nuestras biografías nos encontraríamos con muchos momentos de cobardía. ¿Quién no ha mirado una pelea a la salida de la discoteca sin separar a los contendientes ni increpar a los jaleadores de la pelea? Todo lo más, algunos podemos decir que hemos marcado el número de la policía, a escondidas, y rezado para que la patrulla llegará a tiempo para evitar un navajazo mortal.
 
  Lo que no condena la sociedad es que las cadenas de televisión anden comprándole declaraciones exclusivas al macarra nazi. Mi euros dicen que le dieron por decir que iba borracho. Ayer ya eran los colegas del individuo los que ofrecían vídeos y fotos a los reporteros a precio de calderilla. El amigo se les ha hecho famoso por dar patadas a una niña ecuatoriana. Cualquier día de estos serán ellos los que sigan su ejemplo aprovechando que el juez pone en libertad a los agresores de inmigrantes (y de no inmigrantes también), y se lancen a la caza de la fama buscando una cámara que grabe las patadas al que le puedan pegar. Además, la tele paga, es decir, premia al canalla.
 
 Con una televisión que contribuye al mal y unos jueces que regalan la libertad a los delincuentes, no nos extrañemos de que un inmigrante argentino no quiera o no pueda ser héroe.



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