jueves, octubre 04, 2007

Escolarización con velo

Las niñas siempre imitaron a las madres a la edad de la niña del velo de Gerona. A esas edades, el modelo materno es fundamental. Si la madre pone tacones, baja el pantalón a la cadera, ciñe el jersey, viste minifalda, la hija querrá hacer lo mismo.

La niña marroquí de Gerona quiere vestirse como su progenitora. Pero la moda de la madre consiste en arrodillarse ante Ala y el marido o, lo que es lo mismo, ante el machismo. Lo hacía en su país de origen. Lo sigue haciendo en el país de acogida. Cuando toca colegio, a nadie debe extrañar que una mujer vestida de musulmana antigua de pies a cabeza, envíe a clase a hijas adoctrinadas en costumbres humillantes para las féminas. Lo que sí es motivo de extrañeza (al menos para mí) es que en un país occidental surgen voces a favor del velo musulmán en los colegios públicos. Es libertad religiosa, dicen, y comparan el velo con un crucifijo como quien compara un torero con un carnicero.

La niña del velo poco nos podrá hablar de libertad religiosa dentro de quince años. Habrá visto a compañeras acortando la falda y enseñando el ombligo. Habrá tenido amigas ateas. Habrá asistido a clase de algún profesor que en una lección de Historia se acordara de los pecados cometidos por la Iglesia Católica en siglos de Inquisición y no se atreviera a señalar un solo error de la religión islámica por miedo. Habrá seguido obedeciendo al padre y empezará a acatar la autoridad del marido impuesto a edad adolescente.

Flaco favor le habrán hecho los defensores del velo en nombre de una pseudolibertad religiosa permitiendo sobre su cabeza el símbolo de la sumisión femenina. Ella era diferente en el colegio. Ella será diferente en la edad adulta. La educaron, en casa y en la escuela, en la diferencia, es decir, en la sumisión impuesta por su familia y consentida en la escuela.

Nada nuevo en la vieja Europa. En las calles de Londres o París se ven musulmanas de segundas y terceras generaciones tan tapadas como en Arabia Saudí. Debe ser la consecuencia inevitable de una libertad religiosa tan amplia que se impone a las Cartas Magnas de los países europeos.

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